Una gigantesca asamblea la plebiscitó, pero el Pueblo no siempre triunfa. Dicen que fue por el cáncer, pero su reemplazante murió antes de asumir por la misma razón. Fue una enorme derrota que, de todos modos, la proyectó hacia la inmortalidad. El peronismo ya no fue igual desde entonces.
Aparecen cuando desaparecen las razones. En 1988, en 2017 y en 2026 intentaron doblegar la voluntad popular con palazos y escopetazos. La represión es a la democracia lo que el sofisma a la filosofía.
La postura radicalizada de Federico Sturzenegger obliga a la represión como síntoma del fracaso. La humillación del que va por todo y termina en el piso.
El seis de agosto, el Senado podría votas la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que entrega la tierra al extranjero. Hay una protesta convocada para ese día.
Las encuestas no lo muestran en desastre, pero un progresivo deterioro comienza a mostrar su rostro. Una empresa de opinión pública lo midió 17 puntos por debajo de los que obtenía en el comienzo de 2026.
Ni Axel ni Cristina buscan rearmar la herramienta partidaria. El archipiélago peronista no necesita unirse y ésa sería su perdición si no cambian. Una revolución industrial exige de una burguesía nacional, que no existe.
La primera lista que armó Milei incluye a 59 empresas y pensaban sumar a otras. EEUU estatizó las tierras raras. Francia, hasta un astillero. ¿La soberanía? Bien, gracias.
Asesinaron a más de 300 personas. Murieron sindicalistas, policías, militares leales y transeúntes. Fueron 40 aviones de la Marina y la Fuerza Aérea. Fracasaron, pero tres meses después insistieron y derrocaron a Perón.
Los delirios de Nick Land y de Curtis Yarvin han delineado la política argentina desde el fin de 2023.
El arzobispo de Buenos Aires reclamó en su homilía que “nadie es desechable” y pidió por “los abuelos, los niños, los enfermos, las personas con discapacidad”. Un inusualmente sonriente Javier Milei se hizo el desentendido.
La confederación de partidos provinciales que es hoy, es sinónimo de derrota. El PJ Federal, el MDF y los mandatarios del Norte Grande arman cada uno por su lado. Si hubiera confluencia, habría posibilidades.
Hay opositores que se parecen demasiado a los payasos marechalianos. Milei se cae por sus propios errores, no por la reacción de los partidos. La salida exige acuerdos que hoy apenas se ven. El fetiche jujeño.